La sonrisa de Papá Noel
Hola, queridos, en este poema navideño escrito por mí, Papá Noel reparte regalos con los que quiere hacer que todos participen de la magia de la Navidad. ¡De todo corazón os deseo una maravillosa e inspiradora época navideña!
El año ha pasado tan rápido como el viento; la Navidad se acerca, ¡eso lo sabe cualquier niño! Mientras en la chimenea las llamas crepitan con calidez, los copos de nieve susurran suavemente tras la ventana.
El manto de nieve brilla plateado en la noche más oscura, mientras Papá Noel se pone en camino. Los renos ya esperan pacientemente en el cielo, porque por fin ha llegado de nuevo la Navidad.
«¡Qué alegría!», piensa el hombre barbudo, «¡que pueda volver a bajar a la querida Tierra!». Pero caballitos de madera y pan de especias ya hay de sobra.
Esta vez regalaré a la humanidad la paz en la Tierra, porque quiero que los corazones de las personas vuelvan a llenarse de calor. ¡Las instrucciones para ser feliz entran rápidamente en mi saco de arpillera!
¡Ahora por fin puede partir el trineo! Mucha gente ya espera sus regalos de Navidad. Los cascabeles resuenan con claridad en la noche estrellada; esta vez realmente he pensado en todo.
Grandes y pequeños vienen corriendo, desbordantes de curiosidad. Con voz celestial comienzo a hablar: ¡hoy romperé con la tradición!
Pues hoy mi gran saco no contiene regalos, sino las instrucciones para que el futuro tome un buen rumbo. «Por eso, seres humanos, prestad mucha atención y procurad hacer siempre lo correcto en la vida.»
Dejad que vuestras almas brillen por los demás; preocupaos por vuestro prójimo. Yo os regalo un gorro lleno de valor, para que hagáis el bien a quienes os rodean.
Regalad a vuestros vecinos una palabra amable y no alejéis al mendigo que llama a vuestra puerta. Tomad como ejemplo la risa de los niños y atravesaréis el invierno protegidos.
Conservad siempre vivo al niño que lleváis dentro; así vuestros corazones nunca se enfriarán. Regalad una porción de valentía a los enfermos, porque la esperanza favorece la curación.
Intentad poneros en el lugar de los demás sin heriros unos a otros. Dedicad tiempo a los ancianos del mundo; eso es lo que más agrada a Papá Noel.
Solo así podréis ser felices de verdad y crear aquí abajo el cielo en la Tierra. Estos regalos no cuestan dinero, pero cambian el mundo de forma duradera.
Feliz, el anciano volvió a atar su saco; sonriendo satisfecho, se calzó los zapatos. Subió a su trineo con una alegre carcajada; esta vez solo había regalado aquello que de verdad tiene valor.